Llegué a Mordor perdida, no
sabiendo muy bien como había acabado allí después de que en el provisional me
dieran Miranda y de recordar que más de diez años atrás había estado en fiestas
un fin de semana sin pensar en aquel momento que fuera a volver por allí.
En los otros encontramos la
familia y los amigos que nos hacen falta cuando estás solo y no conoces a
nadie. Nos costó empezar, pero una vez que fuimos cogiendo carrerilla conocimos
a tip y col, y creamos el Clan del verdejo, nos reímos de madrugada, fuimos a
mear en los jardines del alcázar y pedimos la niña de azul sin que nos hicieran
caso,…
Cerramos nuestro Barrio, rompisteis
sofás y pagamos con resacas nuestros excesos. Leímos a Guardiola, a Coelho y la
caperucita roja estuvo a punto de convertirse en la biblia. Intentaron
convertirnos al diosmelero y su proyecto Roma, pero nos resistimos. Pasamos por
el Cristo del Lotero, pero no nos hizo millonarios.
Seguimos “barrieando”, berreando
en el karaoke (robándole el micro a limpiadores de saxofones gallegos) y en
alguna ocasión “duendeando” y conociendo berengarios conductores de
quitanieves.
Lloramos mucho, y reímos más, os
fuisteis, vinisteis y os volvisteis a marchar, pero las tres mellizas
sobrevivieron al invierno, a las nevadas, a Mordor sin convertirse en orcos.
Conocimos al niño M., a Many manitas, a la grandota de B., al señor de gafas, al señor alto, al señor ciego, a Diane Keaton
y a Meryl Streep. Fuimos Macarenas y Vitorino, aunque no bailamos nunca a los
del Río. Bebimos de la fuente luminosa (o quizás a
estas alturas ya no hemos bañado en ella) y sobrevivimos, no sin nuevas cicatrices,
pero siempre más fuertes, salimos del pozo, y volvimos a caer, pero esta vez la
oscuridad no fue suficientemente fuerte, nuestro antídoto fue el lambrusco y la
mutua compañía. Bailasteis en mesas de billar, en antros de duendes verdes,
nadamos en la nieve y luchamos en jaulas de mandriles, desenterramos coches a
paladas, viajamos siempre con lluvia y aprendimos que el sol es más valioso que
el oro. También aprendimos que hay un enano cabrón en la frontera de Mordor que
nos echa niebla encima para confundirnos, que en Reinosa en plena nevada
caminan en bikini y el twerking se convirtió en nuestro baile oficial y los
gofres de Mickey nuestra gastronomía particular…. Tantas y tantas cosas…, nuestras cosas.
Mordor nos enseñó a convivir, a
vivir, a cerrar heridas, a olvidar, a reír, nos enseñó puntos de vista
diferentes, a mirar hacia adelante… ¡Son
tantos recuerdos!… que ahora no sé como terminar esto. Sólo puedo decir que no
lloré despidiéndome (y eso que quien me conozca un poco sabe que soy llorona), no
lloré porque sé que intentaremos que esto no sea una despedida si no sólo un
hasta luego. Medina te echaré mucho de menos, ¡no sabes cuánto! Pero sobretodo
os echaré de menos a vosotros, los que habéis hecho de este curso algo
irrepetible, algo inolvidable de risas y momentos cómicos, de tonterías
absurdas.
No consigo terminar esto, no me
sale un final adecuado, quizás porque esto no se acaba aquí. Así que solo puedo
decir… ¡Nos volveremos a ver! Gracias por este año, sobretodo a vosotr@s.



