miércoles, 1 de julio de 2015

Y sobrevivimos a Mordor…..




           Llegué a Mordor perdida, no sabiendo muy bien como había acabado allí después de que en el provisional me dieran Miranda y de recordar que más de diez años atrás había estado en fiestas un fin de semana sin pensar en aquel momento que fuera a volver por allí.

             En los otros encontramos la familia y los amigos que nos hacen falta cuando estás solo y no conoces a nadie. Nos costó empezar, pero una vez que fuimos cogiendo carrerilla conocimos a tip y col, y creamos el Clan del verdejo, nos reímos de madrugada, fuimos a mear en los jardines del alcázar y pedimos la niña de azul sin que nos hicieran caso,…

         Cerramos nuestro Barrio, rompisteis sofás y pagamos con resacas nuestros excesos. Leímos a Guardiola, a Coelho  y  la caperucita roja estuvo a punto de convertirse en la biblia. Intentaron convertirnos al diosmelero y su proyecto Roma, pero nos resistimos. Pasamos por el Cristo del Lotero, pero no nos hizo millonarios. 

          Seguimos “barrieando”, berreando en el karaoke (robándole el micro a limpiadores de saxofones gallegos) y en alguna ocasión “duendeando” y conociendo berengarios conductores de quitanieves.
Lloramos mucho, y reímos más, os fuisteis, vinisteis y os volvisteis a marchar, pero las tres mellizas sobrevivieron al invierno, a las nevadas, a Mordor sin convertirse en orcos. Conocimos al niño M., a Many manitas, a la grandota de B., al señor  de gafas,  al señor alto, al señor ciego, a Diane Keaton y a Meryl Streep. Fuimos Macarenas y Vitorino, aunque no bailamos nunca a los del Río.   Bebimos de la fuente luminosa (o quizás a estas alturas ya no hemos bañado en ella) y sobrevivimos, no sin nuevas cicatrices, pero siempre más fuertes, salimos del pozo, y volvimos a caer, pero esta vez la oscuridad no fue suficientemente fuerte, nuestro antídoto fue el lambrusco y la mutua compañía. Bailasteis en mesas de billar, en antros de duendes verdes, nadamos en la nieve y luchamos en jaulas de mandriles, desenterramos coches a paladas, viajamos siempre con lluvia y aprendimos que el sol es más valioso que el oro. También aprendimos que hay un enano cabrón en la frontera de Mordor que nos echa niebla encima para confundirnos, que en Reinosa en plena nevada caminan en bikini y el twerking se convirtió en nuestro baile oficial y los gofres de Mickey nuestra gastronomía particular….  Tantas y tantas cosas…, nuestras cosas.



    
          Mordor nos enseñó a convivir, a vivir, a cerrar heridas, a olvidar, a reír, nos enseñó puntos de vista diferentes,  a mirar hacia adelante… ¡Son tantos recuerdos!… que ahora no sé como terminar esto. Sólo puedo decir que no lloré despidiéndome (y eso que quien me conozca un poco sabe que soy llorona), no lloré porque sé que intentaremos que esto no sea una despedida si no sólo un hasta luego. Medina te echaré mucho de menos, ¡no sabes cuánto! Pero sobretodo os echaré de menos a vosotros, los que habéis hecho de este curso algo irrepetible, algo inolvidable de risas y momentos cómicos, de tonterías absurdas.

          No consigo terminar esto, no me sale un final adecuado, quizás porque esto no se acaba aquí. Así que solo puedo decir… ¡Nos volveremos a ver! Gracias por este año, sobretodo a vosotr@s.