Lo intento, me dedico a hacer balance de lo que ha sido este año, pero hoy las palabras no salen con facilidad. La verdad es que este año 2011 ha sido un gran año. No quiero comparar la lista de cosas que quería conseguir con la lista de las que he conseguido, aunque al final creo que no hay muchas sin alcanzar. He logrado grandes cosas, aunque no salieran bien, y sé, que durante un tiempo seguiré rumiando no quiero decir mis fracasos, por que no lo son, de todo se aprende, pero seguiré pensando en lo que yo he hecho, por si puedo mejorar. Lameré y curaré mis heridas, y no me dejaré arrastrar por personas que ya no significan nada, por que por sí mismas decidieron no significar nada y no estar ahí. Para el 2012 pienso conocer nuevas personas y nueva gente. Por que algo que me ha demostrado el 2011 es que los buenos amigos están ahí, y que todavía hay buenas personas que merece la pena conocer, y que muchas veces las barreras invisibles las ponemos nosotros mismos, y son barreras que solo están en nuestra mente, por que nadie más las ve ni las entiende. Tal vez, mañana esté menos espesa y sólo tal vez, decida pensar en lo que quiero para el 2012.
sábado, 31 de diciembre de 2011
lunes, 26 de diciembre de 2011
miércoles, 21 de diciembre de 2011
sábado, 17 de diciembre de 2011
lunes, 5 de diciembre de 2011
Maestra, ¿qué es el amor? (I)
Hace siglos, en un campamento me tocó hablar del tema del "amor". La verdad es que en su momento me pareció un "marrón" de los gordos. Me pasé semanas enteras dándole vueltas, fuimos al campamento y yo con el tema sin preparar. Pasaban los días y no veía ninguna solución a eso. Alguien me pasó un texto, de estos que te ayudan a pensar, que se titulaba como esta entrada. Llegado el momento me inspiré y les hablé con el corazón, no de amor, pero si con sinceridad y desde dentro. Ahora mismo no podría decirle a nadie de lo que hablé, tiendo a olvidar las cosas que me cuestan. Supongo que lo apreciarían, por que no soy una persona que hable frecuentemente de eso. Llevo una semana, en la que ese momento y esa pregunta se repiten en mi cabeza constantemente.
Quien me conozca poco no lo sabe, pero siempre he pensado que soy una romántica que cree que el romanticismo ha muerto. Siempre he creído que cuando me encontrara con alguien que me complementara sería capaz de reconocerlo por las mariposas en el estómago y los rayos de luz que conectarían nuestras miradas. Sería en un ambiente bucólico, alguien que me salvara de una difícil situación personal, igual que ocurre en las novelas rosa. Pero claro, si tu te vas a pasear por un paraje bucólico no te encuentras a nadie, y mi vida más insípida no puede ser asi que..... ¡a la mierda mi fantasía!. El tiempo pasaba y eso no ocurría, por mi cabeza pasaban los comentarios de conocidos y amigos que me decían que se enamoraron de sus respectivas parejas con el tiempo, quedando, conociendose...en algún caso, se conocían desde hace años y surgió la pregunta... ¿por qué no? La verdad es que me cuesta entenderlo, me cuesta aceptarlo. Pero hasta ahora ninguna otra opción me ha dado respuestas, asi que... quizás esta es la manera.
lunes, 14 de noviembre de 2011
martes, 25 de octubre de 2011
lunes, 24 de octubre de 2011
Un clásico
Antes de salir de la cama te besé en el hombro pero no te enteraste y te dediqué una mirada cariñosa que jamás verías despierto. Me acerqué desnuda a la ventana sin importarme que me vieran desde la calle, me recogí como pude el pelo y encendí un cigarrillo con la caja de cerillas que había sobre la mesa. En la habitación hacía frío, dejé que el aire acariciara un poco más mi piel y después de apagar el cigarro me puse tu camiseta blanca, esa que con las prisas habías dejado caer. Los coches al pasar iluminaban la habitación, me senté detrás de tu escritorio y te observé dormir. Se me pasaron por la cabeza los años de encuentros y desencuentros, los dos sabíamos que llegaríamos hasta aquí, no sabíamos el cuándo, pero sí que pasaría. Me pregunté si lo que había pasado esta noche nos había aclarado las ideas a alguno de los dos, o si por el contrario nos condenaba a seguir jugando a lo mismo, a decir verdades bromeando, a esquivar preguntas, a no hablar claro, dejando siempre la duda... Busqué mi ropa por el suelo de tu apartamento, me vestí en silencio, cogí los tacones de la mano para no hacer ruido y me acerqué de nuevo a tu habitación, te observé de nuevo sorprendida de que no despertaras. Pensé en marcharme sin más pero en el último momento me acerqué al escritorio, garabateé deprisa una nota y la dejé sobre la almohada, un clásico, pensé. Te miré una última vez y salí de puntillas cerrando la puerta con cuidado. Me puse los zapatos en la escalera y me marché sabiendo que no te iba a sentar bien no encontrarme allí, al igual que sabía que no me lo dirías abiertamente, que me lo harías saber, pero que no me dirías. Sentada en el coche me planteé la posibilidad de volver, miré una vez más las ventanas de tu edificio, arranqué el coche y me marché con la sensación de que, una vez más, estaba haciendo las cosas mal.
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viernes, 14 de octubre de 2011
La luna en el espejo
Estoy conduciendo, es de noche y en el momento en que dejo atrás el pueblo con gasolinera, se enciende la luz de la reserva en el salpicadero. ¡Ya estamos como siempre! aunque lo sepa no lo puedo evitar, parece que tengo la necesidad de jugármela sin gasolina. Quedan 35 km hasta casa, ¿llegaré? Nunca me acuerdo de cuanto dura la reserva aproximadamente, ¿60?¿90 km? reduzco la velocidad entre 90 y 100, mínimo consumo, y sigo adelante. La verdad es que no me importa, no me gusta demasiado conducir de noche y así tengo más tiempo para pensar. Escucho música, no sé conducir sin música, y cambio constantemente entre Cadena 100 y mi cd, dependiendo de las canciones que me apetezca más escuchar. Sigo adelante, el chivato no se apaga y el coche tira, ya me imagino en el arcén, de noche, llamando para que me vengan a buscar con una garrafa de gasolina. Este pensamiento me trae a la mente a Tamara Falcó recién sacado el carné, con el chaleco amarillo fosforito esperando a la grúa. Continuo mi camino y bajando la cuesta veo reflejada la luna en el espejo de mi izquierda. Es una imagen bonita, está casi llena e ilumina los puentes que cruzan la autovía, las torres de alta tensión parecen esqueletos de robots gigantes, tal vez de los autobolts. Continuo mirando al espejo, y pienso en la cámara que llevo en el bolso. Se de antemano que con esa cámara no voy a poder sacar una foto decente, pero es que el encuadre cada vez me gusta más. Si paro en el arcén, supondrá un peligro para mi y para los otros coches, además de que la luna ya no estará allí. Alargo la mano y saco la cámara del bolso y de su funda. Le quito el flash, no es plan de asustar a los coches que vienen de frente, y por detrás no viene nadie. Presiono el botón y la foto es una mierda, se perfectamente que la cámara debería estar lo más quieta posible y para una foto de estas el tiempo de exposición debería ser mayor. Teniendo en cuenta que sigo conduciendo... no son las condiciones más ideales. Acabo de bajar la cuesta y la luna ya no está. Pienso en quien podría sacar esta foto. Decido dejar de hacer el bobo, pero minutos después vuelve a estar en posición. Parece que me llama, que se coloca a propósito tentándome. Lo intento de nuevo con el mismo resultado. Decido dejar de hacer el tonto, no voy deprisa pero es mejor no tentar a la suerte. Parece que oigo la voz de alguien echándome la bronca jijijiji, se de quien es esa voz y aunque solo hago estas cosas cuando voy sola en el coche prefiero no tentar más a la suerte esta noche. Meto la cámara en el bolso y sigo camino a casa rezando para que no se acabe la suerte y con ella la gasolina.
jueves, 13 de octubre de 2011
Pequeños momentos
Me siento en una silla plegable, aprieta el calor aunque no debería ser así. Estamos a mediados de octubre y a las siete de la tarde ya debería refrescar algo más. Me siento tranquilamente al lado de mi madre, le gusta hablar conmigo, y a mí con ella. Es una persona que habla poco con desconocidos, pero es muy observadora y cuando tiene confianza participa animadamente en las conversaciones. La miro y nunca dejan de asombrarme sus ojos, excepcionalmente azules, temibles cuando se enfada, parece que lanzan cuchillos y risueños cuando se ríe. Estamos las dos ahí, y le digo “Aquí se echa en falta un perro”, me dice que puede que si, pero que tienen el de el vecino y el de mi primo que les quieren a mi padre y a ella con locura. En ese momento me vienen recuerdos de la infancia y se lo comento. “Una casa grande, con corral. La casa tiene un par de locales muy altos, par poder guardar los tractores. Mi abuelo está sentado en una silla y yo correteo por ahí, seguro que mi hermana y mis primos están alrededor pero no los recuerdo. Al fondo del local “pequeño” están las dos mastines: “Careta” es casi toda negra, tiene un collar blanco alrededor del cuello y la tripa también, desde pequeña tiene las orejas cortadas. Es la más vieja. La otra es de color entre blanco y canela, con la cara más oscura, se llama “Sara”, es más joven, con más ganas de jugar. La verdad es que no recuerdo que andaban haciendo, pero de repente mi abuelo se levantó y le tiró con la cacha a la perra más joven. Tenía buena puntería, y la perra se fue gimiendo”. Le comento a mi madre lo que me ha venido a la cabeza y me dice algo que ya he oído más veces. Que mi abuelo era una persona muy dura, estricta, no solo con los animales, también con las personas, incluidos sus hijos. Mi madre lleva parte de esa dureza consigo, de alguna manera es muy dulce pero que de otra tiene una fortaleza tremenda, como si estuviera hecha de acero, aunque no es solo eso, me quedo corta. Posiblemente exagere, pero la veo así. Después de intercambiar un par de comentarios más me levanto y me voy, siempre aprendo algo de ella, y con eso me quedo.
miércoles, 5 de octubre de 2011
Para todos aquellos que dicen que no pueden
Que grande eres en tu humildad y discreción, y para mí él más listo. !Qué afortunada tu hija! Lo digo de corazón aunque no vayas nunca a leer esto.
sábado, 1 de octubre de 2011
domingo, 18 de septiembre de 2011
Pautas para alcanzar el éxito
Hace un poco estuve leyendo el blog de Esuard Punset. Siempre se aprende algo, y aunque no me gusta la psicología, reconozco que la gente envía consultas que me parecen muy interesantes. La respuesta que dieron a uno de esos mensajes recoge las pautas que según Eduard Punset hay que seguir para alcanzar el éxito:
- Fijarse objetivos reales, ni demasiado altos ni demasiado bajos.
- No tener prisa en conseguir el éxito, todo lleva un proceso.
- Compartir con los demás nuestras ideas y en general nuestra vida.
- Convertir una afición en una pasión, desvivirnos por lo que nos gusta.
- Persistir en el empeño.
- Ser creativos y hacer cosas nuevas.
- No creer tanto en la suerte como en uno mismo
jueves, 25 de agosto de 2011
lunes, 14 de marzo de 2011
miércoles, 9 de marzo de 2011
martes, 1 de febrero de 2011
domingo, 30 de enero de 2011
Batallas Perdidas
....y aunque se que el silencio no sabe entender,
cuando llega la noche le cuento un secreto...
Nunca he sabido empezar
si lo que hay que contar son batallas perdidas,
ruinas que siempre se quedan en algún rincón...
Desde el principio al final
van pasando los días y las despedidas
visten un silencio amargo que grita a pulmón...
Amanece y yo dormido,
podeis empezar sin mí...
Hoy soñé con que el tiempo que pasa
es carbón pa las brasas de lo que un día seré.
Cuando empiece a quemar pienso echar a correr
pa no ver... lo que se quedo atrás.
Se que de todo hay que ver
y de todo lo malo se saca un remedio,
pero no se si se cura la desilusión...
Que crece entre la basura,
que vuelve los sueños pequeños...
que nunca piensa si duele robar una flor.
Cuando acaba la partida
queda solo una canción...
Hoy soñé con que el tiempo que pasa
es carbón pa las brasas de lo que un día seré.
Cuando empiece a quemar pienso echar a correr
pa no ver... lo que se quedo atrás.
Y aunque se que el silencio no sabe entender
cuando llega la noche le cuento un secreto
y que a veces tengo miedo, que me puedo perder
si no sigo el camino que tengo por dentro...
Y arrancar los recuerdos cuando quieran morder
y dejarme arropar por el viento...
cuando llega la noche le cuento un secreto...
Nunca he sabido empezar
si lo que hay que contar son batallas perdidas,
ruinas que siempre se quedan en algún rincón...
Desde el principio al final
van pasando los días y las despedidas
visten un silencio amargo que grita a pulmón...
Amanece y yo dormido,
podeis empezar sin mí...
Hoy soñé con que el tiempo que pasa
es carbón pa las brasas de lo que un día seré.
Cuando empiece a quemar pienso echar a correr
pa no ver... lo que se quedo atrás.
Se que de todo hay que ver
y de todo lo malo se saca un remedio,
pero no se si se cura la desilusión...
Que crece entre la basura,
que vuelve los sueños pequeños...
que nunca piensa si duele robar una flor.
Cuando acaba la partida
queda solo una canción...
Hoy soñé con que el tiempo que pasa
es carbón pa las brasas de lo que un día seré.
Cuando empiece a quemar pienso echar a correr
pa no ver... lo que se quedo atrás.
Y aunque se que el silencio no sabe entender
cuando llega la noche le cuento un secreto
y que a veces tengo miedo, que me puedo perder
si no sigo el camino que tengo por dentro...
Y arrancar los recuerdos cuando quieran morder
y dejarme arropar por el viento...
sábado, 29 de enero de 2011
lunes, 17 de enero de 2011
Una vida paralela
Odiaba las tareas de la casa, odiaba planchar. Se había estado duchando y esos 20 minutos con el agua cayendo por su espalda habían sido lo mejor que le había pasado en todo el día. Tenía casi 30 años y los últimos 6 meses su vida habían sido un desastre. No tenía trabajo, estaba de nuevo en una ciudad que odiaba y atraía por igual, lo que antes se llamaba una capital de provincias, pero una capital olvidada por todo el mundo. La gente aquí era anticuada, cotilla, prejuiciosa…..y lo peor de todo es que ella se volvía así cuando llevaba más de 1 mes encerrada allí. Se daba cuenta pero no podía impedirlo. Se apartó un mechón de pelo de la cara. Lo recogió de cualquier manera con la pinza que llevaba en la cabeza. Tenía puesto un albornoz azul que le quedaba grande y había visto tiempos mejores. Odiaba planchar, tenía calor, ya estaba harta, si continuaba así, la ducha no habría servido para nada. Encontrando este pensamiento lo suficientemente bueno como para proporcionarle una excusa, dejó la plancha a un lado y la desenchufó. Fue al cuarto de baño y encendió la luz. Cogió el cepillo y empezó a desenredar con fuerza la larga cabellera negra, joder, necesitaba cortarse el pelo. Si fuera realmente valiente se lo cortaría por encima de las orejas. Necesitaba un cambio. Odiaba su vida… bueno, en realidad despreciaba su vida, se despreciaba a sí misma. Una vez desenredado el pelo, lo dejó suelto y se miró detenidamente en el espejo. Miró los ojos azules que ya no brillaban, miró las arrugas alrededor de los ojos. No le importaría que estuvieran allí si fueran producto de la risa y la felicidad, pero no lo eran. Hizo café, miró su correo….327 emails sin abrir, buf!! Tendrían que esperar, no había ninguno personal. Recogió el salón y se puso un pijama blanco de Campanilla. Aunque solamente lo viera ella, le encantaba ese pijama. Encendió las planchas para alisarse el pelo y mientras tanto cambió las sábanas y puso unas sábanas negras que compró hace dos años, se había encaprichado de ellas. Siempre había pensado en sacarse una foto entre esas sábanas, desnuda, de costado, mirando hacía la pared. Creía que en blanco y negro el contraste entre las sábanas y su piel sería bonito, pero como tantas otras cosas, nunca lo había intentado. Volvió al cuarto de baño, se puso las lentillas y comenzó a alisarse el pelo. No le gustaba hacerlo con gafas, era una tontería, una manía, pero prefería tener las lentillas puestas cuando hacía eso. Cuando acabó buscó su móvil, tenía 3 llamadas perdidas, todas de sus padres…no había ido a comer, no tenía ganas de hablar con nadie. Decidió que más tarde les mandaría un sms diciendo que estaba bien, pero ahora solo quería estar sola. Gracias a dios su hermana estaría todo el verano trabajando en Canarias y tenía la casa para ella sola. Quería a su hermana más que a nada en el mundo, pero la convivencia con ella no siempre era fácil. Estaba pensando en prepararse una taza de café y ver un rato la TV cuando llamaron al timbre. ¡Qué raro! Con paso decidido fue hasta la puerta y abrió.
- ¡Hola, Gabi! Pasaba por aquí…..¿puedo entrar?
- ¡Dios mío! No me lo puedo creer –pensó. Y se quedó allí con la boca abierta.
martes, 4 de enero de 2011
El Amanecer
Era de madrugada cuando me desperté. La noche anterior había puesto el despertador para que sonara temprano, pero no me hizo falta. En silencio, sin hacer ruido cogí primero mis gafas de la mesilla y desconecté la alarma. Me levanté despacio, sin hacer ruido y me puse una camiseta dos tallas más grande y salí de la habitación. Bajé descalza las escaleras y al pasar por el salón me hice con una vieja manta que estaba doblada en el sofá. La chimenea hacía horas que se había apagado, pero el ambiente allí dentro todavía era cálido. Me fui a la cocina, todavía tenía tiempo de prepararme un tazón de café con leche. Me encanta el olor a café recién hecho por la mañana. Mientras esperaba, limpié mis gafas. Odei, el mastín que dormía en la planta de abajo se acercó moviendo la cola, contento de tener a alguien tan temprano pululando por allí. Fui a la despensa y saqué los restos de la cena y los puse en un plato, en el suelo. Cuando el café estuvo listo, me pasé la vieja manta por los hombros agarré mi taza y salí al porche. Dios que frío hacía, pero me encantó esa sensación de silencio en la noche, cuando te aporta serenidad, no cuando tienes miedo de cualquier sombra. Rápidamente, no había cogido las zapatillas, me acerqué al balancín blanco. Me senté y subí las piernas, me envolví bien en la manta sabiendo que la espera no sería muy larga. Odei que me había seguido fuera se tumbó a mi lado. Poco a poco todo lo que me rodeaba empezó a aclararse, todo estaba blanco, la escarcha lo cubría todo, y había nieve en las montañas. Había nevado por la noche y algunos copos volaban y jugaban a mi alrededor. A medida que el sol subía comenzó a iluminar las laderas y los árboles, empezó a verse todo con más claridad y la luz empezó a ganarle la batalla a la oscuridad. Mirando hacia abajo, hacia el valle, el lago empezó a reflejar la luz del sol y algunos retazos de niebla quedaron patentes entre los árboles, en las zonas más sombrías. Amaba este lugar, me aportaba serenidad, me hacía olvidarlo todo, estaba en paz conmigo misma. Siempre había sido así, incluso ahora en una etapa buena de mi vida, lo necesitaba. Lo mejor que pude hacer fue invertir mis ahorros en esa casa. Lentamente, mientras se hacía de día, los recuerdos vinieron a mí, y los momentos vividos en aquel lugar, bueno y malos cobraron vida.
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