jueves, 13 de octubre de 2011

Pequeños momentos


Me siento en una silla plegable, aprieta el calor aunque no debería ser así. Estamos a mediados de octubre y a las siete de la tarde ya debería refrescar algo más. Me siento tranquilamente al lado de mi madre, le gusta hablar conmigo, y a mí con ella. Es una persona que habla poco con desconocidos, pero es muy observadora y cuando tiene  confianza participa animadamente en las conversaciones. La miro y nunca dejan de asombrarme sus ojos, excepcionalmente azules, temibles cuando se enfada, parece que lanzan cuchillos y risueños cuando se ríe. Estamos las dos ahí, y le digo “Aquí se echa en falta un perro”, me dice que puede que si, pero que tienen el de el vecino y el de mi primo que les quieren a mi padre y a ella con locura. En ese momento me vienen recuerdos de la infancia y se lo comento. “Una casa grande, con corral. La casa tiene un par de locales muy altos, par poder guardar los tractores. Mi abuelo está sentado en una silla y yo correteo por ahí, seguro que mi hermana y mis primos están alrededor pero no los recuerdo. Al fondo del local “pequeño” están las dos mastines: “Careta” es casi toda negra, tiene un collar blanco alrededor del cuello y la tripa también, desde pequeña tiene las orejas cortadas. Es la más vieja. La otra es de color entre blanco y canela, con la cara más oscura, se llama “Sara”, es más joven, con más ganas de jugar. La verdad es que no recuerdo que andaban haciendo, pero de repente mi abuelo se levantó y le tiró con la cacha a la perra más joven. Tenía buena puntería, y la perra se fue gimiendo”. Le comento a mi madre lo que me ha venido a la cabeza y me dice algo que ya he oído más veces. Que mi abuelo era una persona muy dura, estricta, no solo con los animales, también con las personas, incluidos sus hijos. Mi madre lleva parte de esa dureza consigo, de alguna manera es muy dulce pero que de otra tiene una fortaleza tremenda, como si estuviera hecha de acero, aunque no es solo eso, me quedo corta. Posiblemente exagere, pero la veo así. Después de intercambiar un par de comentarios más me levanto y me voy, siempre aprendo algo de ella, y con eso me quedo.

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