viernes, 12 de marzo de 2010
LA MUJER SABIA
Dos hombres iban caminando, hablando y riéndose de tonterías, uno de ellos era solamente un muchacho. Al pasa por delante de la vieja cabaña al pie del camino, el mayor le dijo al joven "Espera un momento, vamos a entrar que quiero preguntarle algo a la mujer sabia", el chico que no tenía nada mejor que hacer ni ningún sitio a donde ir, accedió. Y los dos juntos se acercaron a la puerta del jardín. atravesaron la vieja y oxidada puerta de forja y subieron por el camino hacia la casa, pero antes de llegar una niña les salió al encuentro y les dijo que si querían visitar a la mujer sabia estaba en la parte de atrás recogiendo hierbas medicinales. Los tres juntos rodearon la casa, la niña les llevó hasta una mesa de jardín con cuatro sillas y les invitó a sentarse. La mujer sabia apareció enseguida con té frío y unas pastas y los cuatro se dedicaron durante un rato a hablar y reir de temas intrascendentes. Después de media hora, se hizo un incómodo silencio. La mujer sabia miraba atentamente al hombre mayor, y éste sabiéndose interrogado deció enfrentar el tema que lo había llevado hasta allí. "Mujer sabia, el motivo de mi visita es hacerte una pregunta, verás (dijo después de una pausa), no soy mayor, me considero un hombre de mediana edad que no hace daño a nadie, que vive y deja vivir, pero..........no soy feliz. Últimamente me encuentro muy solo, estoy esperando a la muje de mi vida, pero no aparece, entonces........yo.........venía a preguntarte que es lo que buscan las mujeres en un hombre". El joven miraba alternativamente a uno y a otra, porque no entendía como habían ido hasta allí a hablar de eso, pero a la vez se sentía enormemente curioso por conocer la respuesta. Su amigo miraba al suelo azorado, y la mujer sabía miraba a lo lejos perdida su vista en el paisaje. Todos esperaban una respuesta y cuando la mujer sabia habló dijo "una mujer busca un hombre que sea tonto, rico y guapo, pero la primera característica es imprescindible". Todos se quedaron callados, el chico joven seguía mirando a todos los que estaban sentados a la mesa. Esperó un poco pero como vio que nadie estaba dispuesta a añadir nada, mirando a la mujer sabia le dijo "No lo entiendo, yo no tengo ninguna de las tres cosas que has dicho". La mujer sabia se sonrió y entonces sorprendiendo a los dos hombres fue la niña quien dijo mirando de frente al joven "entonces encontrarás una mujer que merezca la pena". El joven se quedó momentáneamente confundido, pero su rostro se fue poco a poco iluminando a medida que la comprensión hacía mella en él. Después de eso, los cuatro se recostaron en sus asientos y disfrutaron en silencio del atardecer
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