Hace horas que ha salido el sol, pero no tiene fuerza. Salgo a pasear sobre la nieve, cruje bajo mis pies. Sigo el sendero entre los árboles, subiendo, en busca de un lugar desde el que ver el paisaje nevado. El viento arrastra copos de nieve que juegan con mi pelo. Me pasaría horas caminando sola. En algún punto a mi izquierda algún animal huye de mi entre los arbustos. Llego a un claro y miro hacia abajo, los campos están nevados, y el sol vence las nubes. A lo lejos los zarcillos de niebla juegan en la falda de las montañas y las ovejas pastan unas muy cerca de otras buscando el calor de sus semejantes. Estoy allí unos minutos intentando grabar esa imagen en mi memoria, huelo el frío y veo mi respiración delante de mi. Decido volver a casa y pensar en sentarme un rato delante de la chimenea con un buen chocolate caliente....
Poco a poco el viento trae gotas de lluvia que borrarán la nieve, la sal de las carreteras y las quitanieves quitarán el hielo sucio y sin encanto, lo apartarán a un lado. Yo continúo mi viaje hacia el trabajo, ¡ojalá pudiera perderme por carreteras secundarias buscando paisajes! Me digo a mi misma que otro día podré hacerlo, que podré perder mi tiempo buscando lugares o momentos que fotografiar o que grabar en la memoria. Es demasiado tentador, reprimo el impulso y continúo mi viaje lamentando no tener todo el tiempo del mundo para perderme en los caminos.
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